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Mala Sangre

Una presencia oscura hizo que Lyca sintiera un escalofrío. Suspirando dejó que el estrés desapareciera de su cuerpo y avanzó firmemente por el pasillo encontrando a los pocos metros cuerpos de Scavengers de la Casa de la Cicatriz con mordidas en sus exoesqueletos como si algo los hubiera querido devorar.

El crujido de algo hizo que la mujer apuntara a la oscuridad pudiendo distinguir en la penumbra las figuras demacradas de Neopthept momificados. Las criaturas insectoides aullaron a la presencia de la mujer y corrieron desplazándose por el suelo a gran velocidad de modo que Lyca no pudo apuntar bien fallando varios disparos de su arma.

Uno de los Saqueadores se abalanzó sobre Lyca a quien inmovilizó con sus podridos pero endurecidos brazos provocando que la mujer activara la Pila de Xytarita. Con el aumento de fuerza, Lyca empujó al Saqueador al patearlo para luego dispararle a la cabeza con su Halcón de Luna provocando que se desintegrara en cenizas por el impacto de la bala.

El sonido alertó a más momias que portaban Calderos de Fuego que azotaban al fuego liberando llamaradas que al impactar contra Lyca drenaron los escudos de energía de su armadura. La mujer retrocedió un par de metros y disparó contra los Devastadores quienes ignoraban el daño producido en sus cuerpos usando el dolor como motivación para seguir atacando.

Con la última bala de su cargador, Lyca apuntó al Caldero de uno de los Devastadores de modo que éste explotó disparando una onda de calor que incineró y desintegró a las momias restantes.

Cada bala que atravesaba el cuerpo de los momificados generaba una pequeña explosión que desintegraba sus cuerpos volviéndolos cenizas. Detrás venían más muertos vivientes que corrieron con la misma suerte. Ni siquiera había pasado por sus cabezas tomar cobertura ya que su único objetivo era matar a la mujer.

Lyca detectó al fondo del pasillo una señal de la Casa de las Cenizas significando que Robiks estaba al frente. Ella siguió avanzando hasta cruzar una puerta que le dio acceso a una amplia cámara repleta de catacumbas que se abrían a la fuerza por los condenados que habitaban en su interior.

Los muertos vivientes usaban lo que tenían a su alcance como armas mientras que otros más demacrados se arrastraban por el suelo a gran velocidad. Dichos Engendros desbordaban Xytarita de sus cuerpos en estado líquido volviéndolo un material volátil que Lyca supo usar a su favor al dispararles.

La reacción hizo que los Engendros explotaran llevándose con ellos a los muertos vivientes cercanos. De esa forma el camino quedó despejado.

Justo al centro de ese lugar había una torre de la que provenían los rugidos que Lyca escuchó previamente antes de entrar. Aquellos lamentos captaban la atención de las momias quienes acudían de inmediato a su origen. Lyca los siguió encontrando en el camino lo que parecían ser círculos de invocación.

Lyca no le dio más importancia y prosiguió hasta la base de la torre donde los muertos vivientes se habían reunido alrededor de un aquelarre donde uno de los Neopthept resucitados se encontraba encadenado siendo sometido por un trío de entes flotantes que murmuraban en un tenebroso lenguaje.

De las tres Brujas, Lyca atacó a la que parecía ser la que orquestaba lo que fuera que estuvieran haciendo. Las balas fueron desintegradas por una barrera individual, similar a los escudos de energía, que cubría a la Bruja. Ésta proliferó un chillido con el que ordenó a sus esbirros atacar a Lyca quien optó por activar la Pila de Xytarita.

Con el daño potenciado, Lyca pudo hacer frente al grupo mixto de momias y Esqueletos Vivientes que se habían acumulado por la llamada de la Bruja. Cada criatura que se arrojaba hacia ella terminaba por desintegrarse volviéndose polvo.

La Bruja ordenó a sus compañeras invocar a más de los suyos mientras ella se encargaba de finalizar el Ritual de Invocación con el desafortunado Scavenger. De esa forma, el dúo de Brujas menores convocó círculos de invocación para traer refuerzos Nigromantes.

Lyca, a pesar del progresivo malestar que estaba sintiendo, siguió usando la Pila de Xytarita para contener al enemigo. Luego vació un par de cargadores de su Halcón de Luna en las cabezas de las Brujas que finalmente terminaron por desintegrarse.

A pesar de los esfuerzos de Lyca, el Ritual de Invocación había sido completado. El Neopthept había sido despojado de su forma anterior volviéndose una masa repleta de malformaciones que continuamente expulsaba Xytarita. La Bruja desapareció entre burlas y sombras mientras que la Abominación que había creado se acercaba lentamente hacia Lyca.

La mujer usó un cargador entero de su Rifle de Batalla contra la criatura quien no manifestó signos de dolor. La Abominación concentró la Xytarita en las palmas de sus manos listo para dispararla en potentes proyectiles cuando de pronto un Barón cayó justo encima de él enterrándole sus Espadas de Arco.

La corriente eléctrica de las hojas recorrieron el cuerpo de la Abominación reventando sus extremidades hasta volverlo polvo. El Barón tomó sus Espadas de Arco y las sacudió para limpiarlas de sangre corrupta.

Lyca: Vaya, vaya.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Lyca... ¿Qué estás haciendo aquí?

Lyca: Bueno, escuché que tenían un problema de plagas y nadie mejor que yo para acabar con alimañas. Si no te molesta claro.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Todo lo contrario. Cualquier ayuda será bien recibida, especialmente si viene de una vieja amiga.

Lyca: Bien. Ahora que te encontré debo ir al interior del Eco para evitar que la contaminación se expanda.

Robiks, Espada de la Cicatriz: El Observatorio de Wiskroks está cruzando el resto del laberinto. No está lejos.

El Barón activó una linterna de su casco y guió a Lyca por un camino hacia la salida. Unos cuantos metros más adelante, Lyca notó restos de Neopthept momificados esparcidos por el suelo. Ahora que estaba con Robiks, y a sabiendas de que tomaría un buen rato llegar a la salida, Lyca decidió interrumpir el silencio.

Lyca: ¿Qué son estas cosas?

Robiks, Espada de la Cicatriz: Despreciados. Escorias que fueron sepultadas aquí para dejarlos perecer en la oscuridad. Cuando regresamos de Ragnarok, los encontramos con vida con sed de venganza. Casa de la Piedra se aseguró de sellar todas las Pirámides de Horus para evitar que salieran... Y entonces vinieron los Sangheili.

Lyca: Splicers... Pero, ¿ellos que vienen a hacer aquí?

Robiks, Espada de la Cicatriz: Hay teorías. Algunos creen que vienen a extraer la Xytarita del Eco y otros suponen que quieren acceder al Observatorio.

Lyca: Y ese Observatorio, ¿es importante?

Robiks, Espada de la Cicatriz: Fue creado por los Forerunner. Se dice que el Observatorio posee la localización de todos sus mundos así como el de sus enemigos.

Lyca: ...Entonces viene siendo "El mapa del tesoro definitivo". No entiendo, ¿por qué pondrían algo tan importante en un planeta como este?... Sin ofender, Robert.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Ni nosotros mismos lo sabemos. Nadie sabe la razón de sus acciones aunque yo siempre he tenido el presentimiento de que todo lo que han hecho fue para algo más.

Lyca: ¿Algo cómo qué?

Robiks, Espada de la Cicatriz: Ragnarok, por ejemplo. Los templos fueron creados para estabilizar las dimensiones de la Luz y la Oscuridad. Ahora sabemos que su intención iba más allá. Los Forerunner trataron de contener a Flauros pero no contaban con que él haría un llamado a los Splicers, a los Corrompidos, a nosotros y a ti. Todo con el fin de ser liberado.

Lyca: Ah. Creo que ahora me siento un poco culpable de que esto esté pasando.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Todos lo somos de alguna manera. Sin embargo, impediste a los Corrompidos hacerse con el poder de Flauros. No sabemos qué uso podrían haberle dado.

Lyca: Sí, y ahora tenemos que lidiar con esas piedrotas.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Y una de ellas llegó aquí. No pudo haber sido una coincidencia. Si la intención de los Splicers es ubicar los mundos Forerunner con el Observatorio para proseguir con la expansión de la corrupción, tal vez nosotros podemos usarlo para encontrar la Fuente de los Ecos.

Lyca: ¿La Fuente de los Ecos?

Robiks, Espada de la Cicatriz: Según Serkys, la única forma de detener el avance de la plaga es llegar a la Fuente y arrancar su raíz. Sólo así, el veneno será erradicado y todos los que han sido infectados volverán a la normalidad.

Lyca: Uff, eso es reconfortante.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Es por eso que creo que los Forerunner anticiparon esto. De alguna forma averiguaron que contener a Flauros en Ragnarok no sería suficiente y dejaron el Observatorio como única esperanza.

Los pasillos habían llegado a su fin. Fueron reemplazados por unos peldaños entrecruzados que Lyca y Robiks tuvieron que tomar para llegar a la salida. Lyca siguió pensando unos momentos. Una Fuente de los Ecos. El lugar de donde nació el veneno que le va restando vida a cada minuto.

¿Cómo sería aquel lugar? ¿Habría más cosas monstruosas como la que encontró en Kerberos ó algo mucho peor? Sin importarle como fuera ahora sabía que esos Ecos provenían de algún lugar que posiblemente se encuentre registrado en el Observatorio de Wiskroks. Ahora sólo debía llegar a él.

Los restos óseos de los Despreciados habían desaparecido y en su lugar ahora se encontraban osamentas, las mismas que había visto cuando recién llegó y ahora, en ese momento, se dio cuenta de que eran las mismas cosas que habían creado a la Abominación.

Lyca: ¿Qué hay de los otros? Los dientudos de tres ojos.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Se hacen llamar "El Enjambre" y, según las profecías, quieren devorarlo todo.

Lyca: (Suspiro) Esto se pone cada vez mejor.

Lejos de las entrañas de la Pirámide de Horus se encontraron con una formación triangular en la pared. Robiks movió las tabletas de roca alrededor del triángulo consiguiendo de esa manera activar un mecanismo que desplazó los ladrillos para abrir la salida.

Lyca y el Barón salieron el exterior encontrándose justo por debajo del Observatorio que se encontraba al borde del colapso por estar reteniendo el Eco. Frente a ellos se encontraba un ascensor el cual Robiks hizo funcionar para que ambos comenzaran a elevarse.


Observatorio de Wiskroks, Kaliks

A pesar de la velocidad de subida del ascensor, ya habían pasado un par de minutos debido a la altura a la que se encontraba el Observatorio. Las nubes los rodearon y el entorno cambió a al interior de un complejo Forerunner.

Lyca y Robiks salieron de la plataforma en dirección al centro del Observatorio. En ese momento se abrieron desgarros en el aire y unos nubarrones verdosos dieron paso a Acólitos del Enjambre con la orden de impedir que se adentraran.

Antes de que iniciara el intercambio de balas, una serie de descargas eléctricas recorrieron las paredes y en medio de ellos salieron disparados relámpagos que forjaron brechas desliespaciales. Máquinas de guerra surgieron y usaron sus Espadas de Luz Sólida para erradicar a los Nigromantes. Luego avanzaron por el pasillo para agruparse con más de los suyos y luego dividirse en grupos para proteger puntos clave del Observatorio.

Lyca: Son esos robots de nuevo.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Defienden el Observatorio ¿Cuánto tiempo habrán estado luchando aquí?

Brechas de distorsión deformaron el aire. Esquifes surcaron los cielos para formar un perímetro alrededor del Observatorio. Una Escuadra de Scavengers de la Casa de la Cicatriz se unió a Robiks y junto con Lyca usaron el complejo sistema de transporte del interior del complejo para llegar a la sala principal del Observatorio.

Usando los raíles del sistema de transporte, Lyca escuchó disparos de Lanzadores de Metralla y chillidos de los Esqueletos Vivientes. La batalla ya había llegado al Observatorio y la situación se complicó aún más cuando los Despreciados hicieron su aparición prestando su ayuda a los Nigromantes.

Lyca, mareada, tuvo que recurrir de nuevo a la Pila de Xytarita para acabar con varios grupos de Escorias y Devastadores Despreciados que al final terminó por ser suficiente debido a la continua llegada de más Nigromantes que eran apoyados por una Bruja que constantemente arrojaba campos de gas venenoso contra los Scavengers.

Más brechas de distorsión dieron lugar a refuerzos de la Casa de la Lluvia quienes prestaron su ayuda empleando sus Lanzas de Sivarita para repeler a los Despreciados. Gracias a eso, Lyca y los guerreros de la Cicatriz repelieron a los Nigromantes.

Serkys, Lanza de la Lluvia (Radio): Robiks. Estás a salvo. Menos mal... ¿Dónde está Vorkis?

Robiks, Espada de la Cicatriz: No he sabido nada de él desde que entré a la pirámide...

Naves Ataúd surgieron de brechas dimensionales y debajo de estas descendieron Acólitos. Fuegos fatuos recorrieron los suelos surgiendo de ellos más Despreciados. El Enjambre se estaba acumulando en la sala principal del Observatorio donde Lyca descubrió que había sido justamente el lugar donde colisionó el Eco.

En la entrada del Eco se encontraba la misma Bruja que Lyca había enfrentado en la Pirámide de Horus. Ésta chillo para llamar a sus esbirros quienes se apoderaron de la superficie del Eco concentrando una barricada empleando sus fragmentos.

Para acabar con la mayoría de los Esqueletos Vivientes, Lyca usó la Pila de Xytarita. Las fuerzas Nigromantes poco a poco fueron menguando dando la oportunidad a los Scavengers de tomar posesión del entorno cuando entonces unas brechas dimensionales se abrieron trayendo Lacayos, Acólitos y Caballeros.

Ante eso, Robiks y los Scavengers se abalanzaron contra los Esqueletos Vivientes usando sus armas para quebrar sus articulaciones y aplastar sus cráneos contra las plantas de sus pies.

No quedó más que polvo. La metralla y balas del Halcón de Luna impactaron contra la osamenta de la Bruja Nigromante quien atacaba disparando Rayos de Energía de sus manos. Robiks esquivó los proyectiles y ágilmente se desplazó hacia el Esqueleto Viviente a la que atravesó con sus Espadas de Arco, obliterándola y esparciendo sus restos por el suelo.

Robiks, Espada de la Cicatriz: La entrada al Eco está despejada.

Serkys, Lanza de la Lluvia (Radio): Bien. Nosotros nos encargaremos de cubrirles la espalda.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Se agradece.

Lyca se había apoyado en sus rodillas. Por pura suerte no se había intoxicado por la Xytarita. Jadeaba y sudaba pero no por el calor del sol. El Barón de la Cicatriz, ajeno a la situación de la mujer, se acercó a ella.

Robiks, Espada de la Cicatriz: Lyca, esta vez iremos juntos. Ya destruiste el Eco de Ragnarok. Ahora voy a compensarte por tu ayuda.

Un chirrido los sobresaltó. En la entrada del Eco se abrió una brecha dimensional de mayor tamaño del cual cuatro pares de manos jalaron hacia el exterior el cuerpo de un viejo conocido que había sido influenciado por la Lógica de la Espada del Enjambre.

Robiks, Espada de la Cicatriz: ¡¿Vorkis?!

El ahora despreciado y corrompido Barón de la Piedra observó a su viejo amigo con indiferencia.

Vorkis, Bala de los Despreciados: Esto no es más que un contratiempo ¡Miren y aprendan!

El Barón Despreciado tomó su Fusil Largo y disparó una carga concentrada de energía con la que partió en pedazos a los guerreros de la Casa de la Cicatriz. Únicamente Robiks y Lyca sobrevivieron por muy poco siendo una de las pocas veces que la mujer agradecía tener una baja estatura.

Lyca se enfureció y a pesar de que estaba al borde del colapso usó la Pila de Xytarita para atacar a Vorkis. Las balas potenciadas del Halcón de Luna impactaron justamente en la cabeza del Barón Despreciado quien tambaleó unos momentos antes de volver a mostrarse firme.

Vorkis, Bala de los Despreciados: El Sokaris es un tesoro. Su voluntad los liberará.

El Barón Despreciado abrió una brecha dimensional a su espalda para escapar. Robiks estaba perplejo ante lo sucedido ignorando el hecho de que Lyca casi se desmayaba por el veneno.

Serkys, Lanza de la Lluvia (Radio): Robiks, recibí la señal de Vorkis unos momentos, ¿está todo bien?... ¿Robiks?

Robiks, Espada de la Cicatriz: ...No, Serkys. No era Vorkis.

El Barón de la Cicatriz blandió sus Espadas de Arco y cargó su Lanzador de Metralla. Lyca se estabilizó unos momentos. Cuando creyó que se había tranquilizado vio que Robiks le estaba haciendo señas para adentrarse al interior del Eco.

La mujer se puso de pie y fue detrás del Neopthept quien caminaba con una determinación diferente. Lyca empatizó con él. El hecho de que alguien a quien considerabas muy cercano se volviera contra ti era terrible y doloroso. Ella ya había tenido esa sensación cuando desconocía la naturaleza de Flauros y creyó por unos momentos que se trataba de Wolf.

Sin embargo, la situación era diferente. No había duda alguna de que ese Barón Despreciado era Vorkis. Esa situación hacía preguntar qué tan terrible podía ser el Enjambre como para doblegar la voluntad de alguien como lo fue el Barón de la Piedra.


Cámara de Mastema, Interior del Eco de Oscuridad, Kaliks

Adentro del interior del Eco se encontraron con un gran pasillo repleto de Despreciados quienes se abalanzaron contra Robiks y Lyca. Por la parte superior de la estructura deforme del Eco se encontraban algunos francotiradores que no hicieron más que ralentizar su progreso.

Lyca se encargó de los enemigos establecidos en la parte superior usando su Rifle de Batalla. Robiks disparó su Lanzador de Metralla y blandió sus Espadas de Arco. Con cada paso que daban dejaban detrás un rastro de hueso pulverizado y de sangre corrupta.

Justo antes de llegar a la cámara principal del Eco fueron detenidos por una Abominación. La bestia concentró la Xytarita de su cuerpo para dispararla a través de sus manos. Robiks desvió los proyectiles con sus Espadas de Arco dejando que fuera Lyca quien arremetiera contra la Abominación al dispararle con su Rifle de Batalla.

La Abominación cayó finalmente luego de que Lyca gastará un cargador y medio en él. Robiks enterró sus armas en la debilidad estructural que había detrás de la criatura y la quebró revelando la entrada a la cámara del Eco donde yacía un trono de cuerpos momificados en el que Vorkis se encontraba sentado.

Vorkis, Bala de los Despreciados: ¡Bienvenidos a uno de los vehículos de Sokaris! La cuestión es: ¿podrán esquivar sus balas?

El Barón Despreciado alzó la mano como un llamado a sus esbirros quienes acudieron brotando del suelo y expulsando flamas púrpuras de sus cabezas. Lyca y Robiks juntaron sus espaldas al verse rodeados y a continuación lucharon por sobrevivir.

Juntos consiguieron repeler a los Despreciados. Vorkis se levantó de su trono y rugió de manera que hizo que la Xytarita que había en el Eco se concentrara en su cuerpo aumentando su tamaño y fuerza considerablemente. Bastaba solo con ver sus ojos para entender que su voluntad no le pertenecía.

Vorkis disparó cargas de energía de su Fusil Largo los cuales al impactar esparcían partículas dañinas que carcomían los escudos de energía de la armadura de Lyca y del Barón de la Cicatriz.

Lyca se desesperó y al igual que Vorkis usó la Xytarita a su beneficio. Al activar la Pila sintió un intenso ardor recorriendo su cuerpo. Le costó bastante incluso levantar su arma y apretar el gatillo pero al conseguirlo dio justamente en la cabeza del Barón Despreciado.

Vorkis retrocedió ignorando el dolor. Ya no sentía nada. Su cuerpo y mente habían desaparecido de ese plano. Seguía otra lógica. Una regla incomprensible para aquellos que no habían visto la Oscuridad. El Barón Despreciado se teletransportó a una de las cornisas superiores del Eco y se dirigió a Lyca.

Vorkis, Bala de los Despreciados: ¿No escuchas los susurros? ¿No sientes el poder? Pronto lo contaminará todo. A ti también...

Lyca: Cállate... ¡Cállate!

Lyca siguió concentrando el fuego en la cabeza del Barón quien tomó de su cintura un extraño artefacto que arrojó al suelo. La reliquia se abrió liberando estelas de energía que se conectaron directamente con Vorkis para otorgarle un impenetrable escudo individual.

Sumado a esto, más Despreciados surgieron del suelo con un aspecto aún más demacrado. Eran más lentos pero al igual que Vorkis no sentían nada ante el daño independientemente si caían hechos polvo. Sin embargo, éstos también se vieron beneficiados del artefacto consiguiendo igualmente escudos impenetrables.

Las balas de Lyca no surtían efecto ni siquiera bajo los efectos de la Pila de Xytarita. Los Despreciados la acorralaron y entonces sus escudos se desvanecieron en el momento en que Robiks destrozó el artefacto con sus Espadas.

Gracias a eso, Lyca fue ahora quien se abalanzó contra las momias haciendo uso de sus habilidades de pelea de las que se beneficiaba de su estatura para moverse con agilidad entre ellos. Ahora con la Pila sus movimientos y agilidad estaban en otro nivel que incluso una simple llave a las extremidades de los Despreciados era suficiente para destrozárselos.

Lyca se reunió con Robiks que analizaba los restos del artefacto con detenimiento.

Lyca: ¿Qué es esa cosa?

Robiks, Espada de la Cicatriz: Parece un amplificador sináptico modificado con Xytarita para generar sobreescudos.

Lyca: Un amplificador sináptico...

El Barón Despreciado arrojó con violencia el artefacto y dirigió su mirada hacia Vorkis con una mezcla de odio y lamentación.

Robiks, Espada de la Cicatriz: ¡Maldito Enjambre! Sólo así pudieron doblegar a Vorkis...

El Barón Despreciado, ajeno a los sentimientos de su antiguo camarada, arrojó otro amplificador sináptico que liberó un par de estelas de energía que sujetaron a Robiks y a Lyca para arrastrarlos a un punto donde él se dejó caer liberando un pulso necrótico.

Lyca y Robiks salieron arrojados a lados contrarios del Eco. Vorkis ahora activó otro par de amplificadores de escudos e invocó a más de sus Despreciados.

Robiks se puso de pie de inmediato obliterando a un par de muertos vivientes. Fijó su Lanzador de Metralla contra los amplificadores y los destruyó de unos cuantos tiros. Lyca entonces cargó contra los Despreciados sin dejar a ninguno con vida.

Vorkis una vez más se mostró vulnerable pero al no poder sentir dolor podía acercarse hacia sus enemigos sin tambalear. Fue de esa manera que sujetó a Robiks y lo estrelló contra el trono de huesos esperando que los restos endurecidos lo atravesaran.

Lyca volvió a cargarse de veneno y disparó un cargador entero de su Cañón de Mano contra la cabeza de Vorkis. Las poderosas balas destrozaron parte de la osamenta que recubría la cabeza del Barón Despreciado haciendo que soltara a Robiks quien le enterró una de sus Espadas de Arco en su abdomen.

Vorkis pateó a Robiks y se teletransportó de nuevo a una de las cornisas del Eco. Él extrajo la Espada de su vientre y tomó su energía para potencia su Fusil Largo con el que ahora podía disparar poderosas estelas de energía. El Barón Despreciado retornó al campo de batalla y arrojó un par de amplificadores cargados con energía solar que fue expulsada en llamaradas que lentamente comenzaron a incendiar el entorno.

Robiks se concentró en los amplificadores para evitar que las llamas les quitaran terreno mientras que Lyca siguió arremetiendo contra la cabeza de Vorkis teniendo cuidado de que el Rayo de Arco no la alcanzara.

Finalmente Lyca consiguió destruir la protección ósea de la cabeza de Vorkis quien entró en un estado de furia. El Barón Despreciado se abalanzó hacia Lyca pero fue interceptado en el aire por Robiks quien le propinó una serie de puñetazos que fragmentaron su rostro.

Vorkis, sin embargo, se mostró firme ante la voluntad de los susurros e ignoró el dolor. Sujetó la Espada de Arco de Robiks y con ella lo atravesó para arrojarlo contra la pila de cristales de Xytarita. En ese momento, Lyca se abalanzó sobre su espalda usándolo como impulso para brincar a una altura suficiente para luego dejarse caer con la fuerza de su mochila propulsora.

De un puñetazo, Lyca quebró aún más el cráneo de Vorkis quien expulsaba sangre corrupta. El Barón Despreciado pateó a la mujer dejándola fuera de combate el tiempo suficiente como para que el pudiera darle el golpe final.

Lyca luchó por levantarse. Lo había dado todo en ese golpe y ni siquiera la fuerza de la Xytarita le había sido suficiente. Ahora volvía sentirse terrible. Su cuerpo le ardía y su cabeza era abrumada. Sólo podía ver a la imponente figura de Vorkis acercándose a ella lentamente recargando la Espada de Arco de Robiks.

Vorkis, Bala de los Despreciados: Lo que llaman Oscuridad es el final de la evolución y en ella sucumbirán...

El Barón Despreciado no pudo terminar su diálogo puesto que Robiks había dado final a su existencia al atravesar su corazón con un fragmento afilado de Xytarita. Vorkis expulsó un pulso tóxico de su cuerpo antes de caer de rodillas herido de muerte.

La exposición al veneno afectó gravemente a Lyca pero algo sucedió. Al igual que el Eco de Akira, ella sintió un punto de equilibrio. Con la Xytarita recorriendo su cuerpo, Lyca disparó una potente estela de energía contra el cuerpo de Vorkis desintegrándolo y borrándolo de la existencia.

Pasaron unos segundos de silencio cuando de repente todo comenzó a temblar.

Robiks, Espada de la Cicatriz: ¡¿Qué sucede?!

Lyca: Tenemos que irnos... Rápido...

Lyca cayó desmayada. Robiks, estando seriamente herido, tomó el cuerpo de la mujer para escapar juntos del inminente colapso. El camino de salida parecía tan lejano pero aun así el Barón de la Cicatriz luchó para alcanzar la luz donde un Esquife los estaba esperando.

Sujetando el cuerpo de Lyca, Robiks abordó el Esquife que inmediatamente se adentró en una brecha de distorsión. El Eco finalmente explotó llevándose consigo al Observatorio de Wiskroks dejando en su lugar un hueco vacío como único recordatorio de su existencia.

La intensidad del estallido que retumbó cielo y tierra por poco hace que el Esquife cayera. Lyca seguía ida. No podía moverse ni hablar pero todavía conservaba su visión la cual gradualmente se fue oscureciendo. Sólo quedó su sentido del oído. Aún podía escuchar los gruñidos de desesperación del Barón de la Cicatriz cuando todo ruido a su alrededor se enmudeció.

Su cuerpo se cayó o esa fue la sensación que tuvo. Algo la estaba arrastrando a un vórtice del cual no podía escapar. Todo esfuerzo era inútil puesto que su voluntad había sido arrebatada. Desde sus venas podía sentir como frenaban sus movimientos y estrujaban su cerebro. Sus ideas fueron reemplazadas por otras. Cosas que llegaban a su mente torturada.

Una corte. Un torbellino. Un matadero. Una habitación. Una cámara. Un reino. Un jardín. Una jaula. Un vacío. Un equinoccio.

Las ideas daban vueltas infinitas formando círculos completos y perfectos. Circundando una fortaleza. Un paralaje. Una cúspide. Un plano. Un sitio ¿De qué? De estrellas. Estrellas susurrantes. Todas ellas rotando alrededor de un sol apenas cálido donde uno podía pasarse días y noches contando los planetas que giran en torno a ellos... Pero ahora ya no hay planetas. Ya no.

Ahora podría estar en cualquier lado pero siempre están esos soles envueltos de magia. O quizá sea otra cosa completamente. Una muchedumbre de almas conscientes, algunas decentes pero otras de menor calidad, donde todo el mundo espera o flota por ahí, o rebota entre dimensiones.

El calor de una de las estrellas se acerca a ella aunque primero sintió el abrazo de las demás que le hicieron recordar varios sucesos de su vida. Sigue sin poder ver ni moverse pero aún podía sentir. Una sensación cálida y vagamente familiar. En un principio se sintió cómoda pero no tardó en descubrir el engaño y con su mente perforó la corrupción. No se lo iba a dejar tan fácil pero aquella cosa tampoco pensaba rendirse.

Su visión le era devuelta de poco en poco pero solo se le permitió ver lo que esa cosa quería que viera. Vio algo sin forma que le hizo recordar las veces en que saqueó recursos para ella sin importarle de quien fuera. O cómo cuando consiguió esa armadura creyendo que era lo mejor de lo mejor. El calor del amorfo la castigó. Quemó sus pecados y le ofreció caridad.

Karzerem: Me buscaste en la profunda oscuridad. Encontraste al mismísimo demonio. No soy más dios que tú. Pero no luchaste contra mí. Fuiste inteligente. Otros sí lucharon mientras ellos observaban.

La cosa amorfa sujetó sus manos con fuerza a lo que ella luchó para quitárselo de encima.

Karzerem: El descubrimiento siempre tiene un precio. La curiosidad acarrea consecuencias. No estás preparada. Busca tu juicio. Crece pero no intentes entender. Cuando sea el momento te lo quitaremos y te alegrarás.


Media Hora Después...

Santuario de Bastis, Kaliks

Lyca se despertó de un sobresalto. No recordaba exactamente lo que sucedió después de acabar con el Barón Despreciado pero tuvo la sensación de haber tenido un sueño que había olvidado. Al recostarse, un intenso ardor recorrió su cuerpo a la par que el aire que inhalaba quemaba sus pulmones. Entonces la Pila de Xytarita comenzó a funcionar y su estado se regularizó.

Serkys, Lanza de la Lluvia: Ya despertaste.

Lyca: ¿Dónde estoy? ¿Qué pasó?

Serkys, Lanza de la Lluvia: Lo conseguiste. A pesar de haber ido en contra de las profecías. La Casa de la Lluvia ha visto muchos futuros pero tú no estás en ninguno de ellos... Me hace pensar en que si todas nuestras creencias han estado mal.

Lyca: (Suspiro) Nadie puede saberlo. Ya se lo dije a Robert una vez: deben pensar por ustedes mismos sabiendo que es lo correcto. No confíen en nadie más que en ustedes y solo así sabrán de quien es la culpa... También sabrán lo que deben hacer para compensar sus errores...

Silencio total. Fue un momento que la Baronesa aprovechó para replantear sus ideas. Robiks entró a la habitación.

Robiks, Espada de la Cicatriz: ¿Funcionó la Sivarita?

Lyca: ¿Sivarita?

Serkys, Lanza de la Lluvia: El veneno se expande exponencialmente en tu cuerpo cada vez que destruyes un Eco. De no haber hecho algo pudiste haber sucumbido. Afortunadamente, Robiks te trajo a tiempo e infundimos Sivarita para contrarrestarlo. Parece que funcionó, sin embargo, no es una solución sino que ralentizará la corrupción.

Lyca: ...Entiendo. Espera, ¡el Eco! ¡El Observatorio! ¡La Fuente!

Robiks, Espada de la Cicatriz: El Observatorio fue destruido. No quedó nada.

Lyca: ...

Robiks, Espada de la Cicatriz: La UNSC ha llamado por ti. Te espera tu nave para partir cuando quieras.

La mujer se levantó sin decir una palabra. La esperanza de encontrar la Fuente de los Ecos se había perdido en las arenas. Lyca subió a su vehículo donde recibió la llamada entrante de la Unidad Aurora.

Cassandra (Radio): Lyca, ¿cuál es la situación?

Lyca: Kaliks está limpio. Ambos Ecos están fuera del juego.

Cassandra (Radio): Tu papel fue fundamental. Pero esto aún no ha terminado. Un equipo de investigación ha asegurado el UNSC Whitesnake y ha obtenido un mensaje encriptado. Para nuestra sorpresa, el mensaje dice que los Splicers están establecidos en una remota colonia Sangheili. Es muy posible que un Eco se haya estrellado ahí también. Tenemos que actuar cuando antes. Debes destruir el Eco y detener la contaminación. Para ayudarte, la UNSC planea un ataque a escala planetaria de la colonia. El ataque dará comienzo tan pronto como estemos listos. Mientras tanto, ve a ese mundo e investiga a que nos enfrentamos.

Lyca: Entendido.

Antes de partir, Lyca echó un vistazo fuera de la cabina de pilotaje donde ambos Barones la veían.

Había sido todo un día de emociones. Decir si fueron buenos o malos era aparte. Creyó que jamás volvería ver a Wolf y, de cierta forma, lo encontró. Pensó que jamás vería a los nobles Barones de la raza de los Neopthept y entonces sus destinos volvieron a cruzarse.

Las despedidas son difíciles especialmente si desconoces cuando tiempo pasará para el reencuentro. Fue así que Lyca levantó un pulgar en alto a los Barones y les sonrió confiada. Luego, su nave se elevó y desapareció en el horizonte iluminado por la luz de Calzar.

Serkys, Lanza de la Lluvia: Entonces... Vorkis...

Robiks, Espada de la Cicatriz: ...Todavía tenemos trabajo que hacer. Debemos regresar las almas de los Despreciados a donde pertenecen.

Serkys, Lanza de la Lluvia: ¿Crees que ella lo logre? Todas las profecías se han distorsionado...

Robiks, Espada de la Cicatriz: No nos queda más que confiar. Nada está escrito. El futuro lo decidimos nosotros.

Serkys, Lanza de la Lluvia: Aun así, sigo temiendo de ese futuro.

Robiks giró hacia donde observaba su compañera. Un auspicio dejado por sus ancenstros con un significado incomprendido. La última Profecía Perdida tallada en Sivarita. Un círculo completo y perfecto.

Viejos Amigos

Guarida de los Simbiontes, Antiguo Territorio de Warum, Selene, Sistema Zarom

Selene. Un desolado mundo cubierto de nubarrones oscuras y recuerdos de un tornado de pesadillas. Los mares se habían secado y la tierra se había vuelto infértil. Toda forma de vida había perecido ante el veneno y donde antes solía haber árboles y plantas ahora estaban unos enormes cristales azulados emergiendo del suelo mientras eran rociados por las lluvias tóxicas.

Cuando Lyca había atravesado la atmósfera del planeta entendió de lo que era capaz un Eco que en esa ocasión se había estrellado en las ruinas de una ciudad perteneciente a alguna antigua familia Sangheili donde ahora se alzaba una fortaleza arquetípica de los Splicers aunque con ciertas diferencias.

Al aproximarse al lugar de colisión, Lyca activó el sistema de ocultación de su nave para pasar desapercibida. Se adentró en la ciudad industrial que rebosaba un nivel de toxicidad tremendo que combinada con la lluvia ácida gastaba los escudos del transporte de la mujer.

Lyca se desplazó entre los edificios para resguardarse teniendo extremo cuidado con las patrullas para luego proseguir hacia una pista de aterrizaje envuelta en engranes gigantes que conformaban el mecanismo de entrada de la Guarida de los Simbiontes.

Vector Miles (Radio): Lyca, la flota está en órbita. Todo está a punto para la ofensiva, sin embargo, un campo de fuerza rodea la guarida y nos impide aterrizar. Hay que neutralizarlo.

Cassandra (Radio): Un equipo de reconocimiento nos ha revelado datos de la guarida. Parece tratarse de una antigua línea de transporte que ha sido adaptada para comunicarse directamente con el Eco. Es posible que haya una ruta directa.

Lyca salió de su nave y buscó una cobertura para luego asomarse con cuidado. Al frente se encontraba la dichosa entrada celosamente protegida por un escudo similar al que rodeaba toda la guarida. Ella se puso e investigar de modo que no tardó en encontrar los cables de corriente que iban hasta una torre donde debía encontrarse el generador. Ese sería su primer objetivo.

Una patrulla de Splicers apareció en ese momento y uno de los miembros creyó haber visto algo. Cuando fue a investigar, el Sangheili no encontró nada sospechoso e ignoró del hecho de que una de las rejillas de los conductos del sistema de ventilación había sido abierta forzosamente por Lyca.

Arrastrarse en los conductos no era difícil ya que eran lo suficientemente amplios como para que Lyca cupiera incluso con su armadura puesta pero el auténtico desafío era no generar ninguna clase de ruido. Los conductos iban de un lado hacia otro y de arriba a abajo en las que hubo ocasiones en las que Lyca tuvo que detenerse al sentir como el veneno dañaba su organismo.

Pasados unos cuantos minutos, Lyca se detuvo al percatarse de que todos los conductos llegaban a un callejón sin salida. Molesta, la mujer abrió un hueco de una patada y salió a un pasillo en el que tuvo la fortuna de que estaba vacío.

Tucker Laon (Radio): ¿Me recibe alguien? Repito. Aquí...

Lyca: ¡Shhh! Baja la voz ¿Quién eres?

Tucker Laon (Radio): Por fin... Spartan Laon del Equipo de Reconocimiento Foxtrot.

Lyca: ¿Reconocimiento? ¿Qué rayos hacen aquí? Creí que ya habían regresado.

Tucker Laon (Radio): Los Splicers nos encontraron. Fuimos hechos prisioneros pero conseguimos escapar... Tenemos información de cómo llegar al Eco pero no sé cuánto podremos aguantar sin que nos capturen de nuevo...

La comunicación se cortó abruptamente. Lyca pensó unos momentos antes de actuar... ¿Prisioneros? ¿Desde cuándo los Splicers toman prisioneros? La única conclusión a la que podía llegar era que los había detenido para usarlos como sujetos de prueba aunque todavía había algo que a Lyca no le agradaba nada.

Lyca rastreó el origen de la señal y trianguló la ubicación del Spartan. Si él tenía información de cómo llegar al Eco entonces no le quedaba más opción que encontrarlo. Era mejor que seguir vagando por los pasillos y los túneles contaminados.

Así, Lyca se aventuró por los tenebrosos pasillos hasta que dio con uno de mayor longitud repleto de varias puertas que daban a habitaciones donde los Splicers trataban la Xytarita descubriendo nuevos usos para ésta.

Ver la forma en que experimentaban y daban sus conclusiones en grabaciones de voz resultó en ser una experiencia desagradable para Lyca quien pensó en que todo el rastro de nobleza y orgullo que había en los Sangheili había desaparecido como si su voluntad no les perteneciera.

Al final del gran pasillo se encontraba una gran puerta con seguros fuertemente colocados. En cualquier otra situación pudo haber sido un problema pero gracias a la Pila de Xytarita, Lyca pudo abrir su camino al enterrar sus puños contra el nanolaminado de las puertas, abriéndolas de par en par hasta que pudo pasar al otro lado.

Del otro lado había un ascensor solitario siendo algo que levantó aún más las sospechas de Lyca. Ella se posicionó encima de la plataforma provocando que un panel holográfico apareciera frente a ella. Lyca activó el comando iniciando el ascenso.


Torre del Abandono, Antiguo Territorio de Warum, Selene

El ascensor se detuvo. Lyca esperaba encontrarse con guardias de seguridad o algo por el estilo sólo para descubrir que la sala a la que había llegado estaba bajo la administración de máquinas de trabajo protegidas por un material extremadamente resistente que al final no implicaron un contratiempo puesto que ignoraron a la mujer en pos de proseguir con su labor.

Al cruzar al lado de una pila de cajas, éstas se sacudieron un poco como si algo las hubiera movido intencionalmente causando que Lyca se sorprendiera un poco y sacara su Cañón de Mano. El incómodo silencio fue interrumpido por una risa burlona que no hicieron más que incomodar a la mujer quien se desplazó por el resto de la habitación con su arma en alto.

Entonces se comenzó a escuchar un sonido inquietante. Al principio era posible confundirlo con el rechinar del movimiento de las máquinas. Lyca fue al origen y vio el cadáver de un Sangheili empalmado en una puerta que intentaba cerrarse. Cuando la mujer quiso inspeccionar el cadáver éste se desintegró apenas rozó sus dedos en su grisácea piel.

Lyca cruzó al otro lado entrando a una amplia sala de experimentación donde yacía una auténtica masacre. Decenas de cuerpos sin vida se encontraban esparcidos por el suelo y todos presentaban la misma herida como si algo los hubiera mordido hasta la muerte.

Estar en ese lugar era inquietante como si fuera una pesadilla. Que el puente del nivel superior de la sala cayera y después se escuchara la misma tenebrosa risa de antes provocaron que Lyca entrara un poco en pánico antes de centrarse en descubrir que era lo que estaban haciendo ahí con exactitud.

En el nivel inferior donde estaba Lyca había pequeños cuartos donde había más cuerpos de Sangheili en mesas de operaciones. Lo inquietante es que éstos no parecían tener signos de haber sido infusionados con la Xytarita, sin embargo, debieron tener algún otro propósito.

Al final de la sala había otro cuarto donde parecía encontrarse un Splicer Prime interactuando con un monitor. Lyca se acercó con sigilo mientras sacaba su Cuchillo de Combate. Ya estando detrás del Sangheili se percató de que había sido asesinado por algo que había devorado sus entrañas.

La escena le produjo asco a Lyca quien apartó el cuerpo para interferir en la computadora encontrando, como es de esperarse en sus historias, entradas de datos. Todas ellas escritas por el Splicer Prime Zant 'Aana. Por más ganas que tenía de leerlo, Lyca decidió guardarlo para después. Ahora no tenía tiempo para eso y menos sintiendo como si un ejército de monstruos la vieran desde atrás.

Ella se giró pero no encontró nada que pudiera atentar contra su vida. No en ese momento al menos. Aunque si hubo algo extraño que notó. Algo bizarro. En una de las ventanas de las habitaciones había un agujero pero ahora ya no estaba.

Lyca estuvo inquieta y confundida. Al observar con detenimiento encontró unos escalones que la llevaron al nivel superior donde la pareció ver a un ser alargado correr a lo lejos mientras se burlaba con la misma risa macabra como si estuviera jugando.

Al fondo había un artefacto peculiar que sostenía un pequeñísimo orbe de materia oscura en el interior de un contenedor. Dicha materia se expandía y contraía simulando el bombeo de un corazón emanando una extraña energía que Lyca pudo percibir.

En uno de los DataPad encontró algo de información al respecto: "El espacio negativo es un fenómeno que permite al cerebro desconectarse de los patrones comunes para los que ha sido entrenado, en lugar de centrarse en el espacio alrededor de los espectros de luz. Este fenómeno prueba que los objetos, personas y cosas que damos por sentado no existen en realidad como los vemos. De hecho, no son más que sombras que parpadean en el vacío del subconsciente. Como el mundo que nos rodea, a veces las cosas más interesantes se encuentran en las sombras".

Algo interesante según Lyca pero no vino con la intención de aprender así que prosiguió su exploración mientras revisaba la ubicación del Spartan perdido. Por lo que pudo determinar, Laon se debía encontrar varios pisos arriba por no decir el último nivel del complejo y para llegar hasta allá obviamente debía localizar el ascensor correcto.

Lyca entonces se propuso a crear un mapa en el que fue descartando las habitaciones que ya había revisado de tal forma que encontró nuevos caminos hasta que dio con una parte de la edificación en la que se debió de haber librado una batalla.

Cuerpos de Sangheili adornaban el suelo carbonizado. Todos presentaban la misma herida y síntomas. Sin embargo, lo inquietante era el estado de la estructura del edificio ¿Acaso los Splicers ya habían sido atacados por algo antes de su llegada? No pudieron haber sido los del Equipo Foxtrot a menos de que realmente hubieran querido llamar la atención.

Lyca revisó las estructuras y determinó que los fragmentos carbonizados con plasma datan de hace varios años mientras que los cuerpos presentaban necrósis reciente de al menos unos cuantos meses. Al final no le dio más importancia y grabó ese recuerdo en su baúl de "cosas que seguramente no son importantes" de forma que la mujer atravesó el lugar utilizando una viga con la que cruzó un claro.

A mitad del camino, Lyca percibió movimiento debajo de ella y al voltear vio la misma figura alargada corriendo mientras reía. La temperatura iba en descenso a medida que terminaba su recorrido en la viga y se aproximaba a una gran puerta donde un par de cadáveres de Splicers se encontraban adheridos a ésta como si estuvieran luchando para mantenerla cerrada.

Lyca retiró los cuerpos sin delicadeza y forzó la apertura de la puerta encontrando una cámara que contenía en su interior decenas de cápsulas selladas a temperaturas bajo cero. La mujer se acercó a una de las capsulas y con su mano retiró la capa gélida descubriendo un ente gelatinoso y verdoso durmiendo que le provocó que un escalofrío recorriera su columna vertebral.

Todas las cápsulas tenían especimenes Metroid a lo que Lyca respondió cayendo de sentón ante la impresión. Honestamente no sabía porque había reaccionado así más allá de la impresión. No tenía palabras para describirlo, sin embargo, a su mente le llovieron recuerdos de Ridley y de su presencia en Kalandor.

Lyca creyó que Ridley había muerto en la explosión del Mundo Escudo Eclipson pero que la Oficina de Inteligencia Naval había conservado un clon de éste en la Estación Naraka donde Wolf se ocupó de él asegurándose de que jamás volviera del infierno al que pertenece.

De alguna forma todo comenzó a encajar y la clave principal era la Estación Naraka que viene siendo el mismo lugar que Flauros y los Splicers visitaron antes de que la crisis de los Ecos iniciara. Entonces el Ridley que atacó el Sector Zero de Kalandor debió de tratarse de otro clon y, por lo tanto, los Metroid que estaban frente a Lyca debieron ser el resultado de dicha incursión en los restos de Naraka.

Los malditos Splicers finalmente habían conseguido crear su ejército invencible pero ahora la cuestión era porque los tenían encerrados en esa torre ¿Acaso todavía no los habían adiestrado? Eso sería extraño considerando el número de clones realizados.

Lyca se levantó y buscó el panel de control del laboratorio. Al acceder buscó el regulador de vida de los Metroid mientras reflexionaba lo que estaba por hacer recordando el momento cuando decidió dejar de ser una cazarrecompensas. Simplemente ya había tenido suficiente y no tenía la intención de convertirse en la enemiga del universo entero. No era lo suyo. Prefería estar en las sombras viendo como los conflictos ajenos a ella se desarrollaban y ahora, al haber adoptado tantas identidades, creyó que podría estar en paz pero se equivocó.

El comando de acción brilló a sus ojos y Lyca dejó caer el peso de su decisión en sus dedos al purgar la vida de los Metroid. Ya fuera para bien o para mal, esos monstruos eran el caos encarnado. Un poder incontrolable del tipo que corrompe a su portador.

La materia gelatinosa de todos los Metroid encapsulados se desintegró en cada una de las cápsulas hasta quedar completamente vacías. Lyca se alejó en silencio en dirección al fondo de la habitación donde encontró otra serie de habitaciones con cuerpos de Sangheili empleados para más experimentos los cuales presentaban horribles mutaciones.

Sin poder indagar más en éstos, ruidos extraños provenientes de la oscuridad incomodaron a Lyca quien apuntó a la nada esperando lidiar con un fallido ataque sorpresa sólo para bajar su arma al ver que un Spartan herido se aproximaba.

Tucker Laon: Oh, gracias a Dios, eres tú. Escucha, creo que puedo ayudarte a llegar al Eco.

Lyca: Creo que primero deberías ayudarte con eso.

Lyca apuntó a la sangrante herida del Spartan quien apretaba con fuerza para detener la hemorragia.

Tucker Laon: ¿Esto? No es nada. Lo importante es que llegues al interior de esa cosas para que lo destruyas.

Lyca: (Suspiro) Allá tú.

Tucker Laon: Los Splicers tienen cerrados los accesos a la sala de control pero logré dar con un camino oculto.

Lyca siguió al súpersoldado hasta una consola obsoleta.

Tucker Laon: Tenemos que accionar las palancas de seguridad al mismo tiempo. Abrirá un camino que lleva hasta el nivel superior de esta torre.

El Spartan sujetó una de las palancas y Lyca hizo lo mismo con la del lado opuesto.

Tucker Laon: Yo marco el ritmo, ¿ok? Si no sincronizamos nuestros movimientos los cierres de seguridad no abrirán, ¿lista?

Lyca: ...Sí.

Fastidiada, Lyca siguió las indicaciones del Spartan y luego de una serie de movimientos consiguieron abrir el acceso al ascensor oculto tras la pared.

Tucker Laon: Bien. Vamos.

Ambos subieron a la plataforma que comenzó a ascender al último nivel de la torre. Un transcurso de silencio total en el que Lyca comenzó a sospechar de los eventos ya que recordaba perfectamente que había ubicado la señal del Spartan en el nivel superior de la torre y, sin embargo, se lo encontró en los laboratorios de abajo.

Había más detalles que inquietaron a la mujer como la herida del Spartan. Sin importar que tan súpersoldado fuera uno, esa clase de heridas eran algo que debían ser tratados inmediatamente y dudaba mucho que ejercer presión sobre ella detendría la hemorragia. Además, el sistema de la armadura debió de haber inyectado bioespuma para sellarlo a menos de que no fuera una de las costosas MJOLNIR de Segunda Generación.

En conclusión, Lyca descubrió que el hombre que estaba a su lado era cualquier cosa menos un ser humano así que no dudó en girar para patear su cara de manera que lo arrojó contra la pared.

El Spartan se quedó inmóvil por unos segundos para luego proliferar aquella carcajada que llevaba acosando a Lyca desde que entró a la torre. El hombre comenzó a cambiar de forma reemplazando la falsa armadura por una piel grisácea revelando una cara sin ojos pero con una amplia boca que supuraba Xytarita líquida.

La criatura estiró sus brazos para volverlas cuchillas para abalanzarse contra Lyca quien dejó que cayera sobre ella para luego patearlo con fuerza al otro lado del ascensor. Al estrellarse, el impostor recibió varios disparos por parte de la mujer siendo completamente inútiles debido a la consistencia de su organismo de modo que la única forma de dañarlo era atacando con todo y así Lyca activó la Pila de Xytarita.

Los disparos potenciados de Lyca fueron suficientes para derribar a la criatura quien no dejaba de burlarse al mostrar la forma en que obtenía poder al procesar la Xytarita de las balas del Halcón de Luna. Con sus fuertes piernas, la bestia volvió a saltar frente a Lyca para golpearla y derribarla.

Lyca reaccionó a tiempo para que la bestia no la atravesara con su brazo consiguiendo sujetarlo en ese mismo momento para arrojarlo contra los mecanismos del ascensor. La criatura perdió la mayor parte de su cuerpo pero al mostrar que seguía con vida, la mujer le enterró repetidas veces su Cuchillo de Combate encontrando una especie de corazón en su pecho.

La criatura disparó una onda de Xytarita que afectó severamente a Lyca provocando que tosiera violentamente. Podía sentir que más que veneno ahora era su sangre lo que ahogaba su garganta. Vio su rostro reflejado en el visor de su casco notando que nada estaba bien con ella puesto que aún con la Sivarita su cuerpo ya había sido mutado por el veneno.

Aquella cosa se burlaba a medida que su cuerpo volvía a regenerarse. Enfurecida, Lyca lo volteó a ver notando como el brazo de la criatura iba hacia su cuello. Lyca en un destello se movió hacia la criatura con su Cuchillo de Combate en alto.

Pasadas milésimas de segundo, la criatura esbozó una amplia sonrisa al ver su brazo cercenado. La confusión se apoderó de él mucho más que la angustia pero todas sus sensaciones desaparecieron en el momento en que Lyca atravesó su pecho para extraerle su corazón al que exprimiría dejando que la Xytarita se escurriera entre sus dedos.

La criatura comenzó a desmoronarse como si fuera arena quedando su cabeza esbozando su macabra risa a lo que Lyca lo aplastó de modo que las carcajadas desaparecieran de su cabeza. Sin embargo, el haber extraído el corazón y haber dejado que la Xytarita recorriera su armadura fue un error puesto que la Pila comenzó a procesarla acelerando la corrupción y generando un intenso ardor fue más que suficiente para derribarla.

Ahora quedó Lyca luchando contra la corrupción. Podía sentir como el veneno transformaba su cuerpo. Sus músculos y huesos se desplazaban de la peor manera posible para adaptarse al cambio. Las pesadillas, susurros y recuerdos doblegaban su mente y el peso de incontables vidas sobre sus hombros junto con la sangre de otros en sus manos ejercían una terrible presión en su subconsciente como si se tratara de algún castigo divino.

Los órganos de Lyca ardieron haciendo que se posicionara de forma fetal. Con mucho esfuerzo tomó su Cañón de Mano y preparó un nuevo cargador. Lentamente puso el arma en su cabeza lista para acabar con su sufrimiento pero el simple movimiento de sus articulaciones la lastimaron haciendo que soltara el arma.

Lyca golpeó con fuerza la pared sin forma de poder desquitar su dolor y entonces el brillo de su Cuchillo de Combate pasó por sus ojos. Con dificultad estiró su mano hasta el arma blanca y al tomarla apuntó el filo a su cuello. Deslizando sus dedos manchados de sangre, la mujer sintió el mango del arma y se detuvo al rozar la marca tallada en la hoja.

Lyca se detuvo y entonces siguió deslizando sus dedos en la marca. El símbolo de un sol que en conjunto con la luna creaban un eclipse. Un símbolo de unión. Un lazo que le dio la fortaleza necesaria para soportar el dolor, luchar contra el veneno, gritar contra los susurros, golpear lo amorfo e iluminar la oscuridad.

Al guardar su Cuchillo de Combate, Lyca se puso de pie. El dolor permanecía pero ella era más fuerte. Ya lo había dicho: Cuando llegara el momento de su muerte lo enfrentaría puesto que así siempre había vivido.

El ascensor finalmente se detuvo frente a una pequeña habitación con vista al sitio de colisión del Eco. Lyca se adentró y lo primero que notó fueron los restos de los Spartan del Equipo de Reconocimiento Foxtrot en una carnicería dejada por la cosa que destruyó previamente.

Ver esos cuerpos y al pensar en todo lo que había visto hasta ese momento le hicieron saber a Lyca que tenía que acabar con todo cuanto antes. Con su creciente determinación, la mujer fue al fondo del pasillo donde subió por unos cuantos peldaños para interferir en el panel de control.

Al cabo de unos segundos, el campo de fuerza que rodeaba la ciudad industrial cayó y la lluvia tóxica comenzó a rociarla. Las gotas venenosas reflejaron destellos luminosos del cielo a los que unos cañones antiaéreos apuntaron sólo para ser destruidos por la abrumadora potencia de fuego de la flota del UNSC.

Vector Miles (Radio): ¡Buen trabajo, Lyca! Ya he dado la orden de comenzar la invasión. Ahora puedes ir por el Eco.

Lyca confirmó con el capitán de la nave para salir de la habitación. Al explorar la zona se encontró con una puerta en la que del otro lado había un vagón que formaba parte del complejo sistema de transporte de la ciudad de forma que se montó en el vehículo y accionó el mecanismo para descender hasta la entrada de la Guarida de los Simbiontes.


Guarida de los Simbiontes, Antiguo Territorio de Warum, Selene

Punta de Lanza